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En “Los retos de la teología en el siglo XXI”, José Comblin distingue entre religión y evangelio al punto de afirmar que “El cristianismo no es originalmente una religión y Jesús no fundó ninguna religión. Más tarde los cristianos fundaron la religión cristiana, creación humana y no divina”.
Entiende Comblin que el reino de Dios inaugurado por Jesús “no es ningún reino religioso” sino “una renovación de toda la humanidad” que cambia el sentido de la historia humana “abriendo una nueva época, la última”, por lo que no se trata de un discurso religioso sino de “un mensaje y una historia meta-política”.
Dada la necesidad de que “los seres humanos no pueden vivir sin religión, los discípulos de Cristo durante 2000 años construyeron una religión que fue como el revestimiento del mensaje cristiano”, que en muchos casos ocultó el evangelio.
Aquí es donde Comblin remarca una de sus ideas-ejes al exponer que la tarea de la teología es liberar al evangelio de la religión. “Es mostrar la distinción, buscar lo que es el evangelio y todo lo que se añadió y puede o debe cambiar para ser fiel a ese evangelio” por lo que la Teología “está al servicio del pueblo cristiano o aun no cristiano, para que conozca el verdadero evangelio y pueda llegar a la fe verdadera y no a un sentimiento religioso”
La tarea exige revisar lo que es creer en Dios, de quien se tiene “apenas una idea común a toda la humanidad bajo muchas formas diferentes” No se conoce a Dios, “porque a Dios nadie jamás lo ha visto y nadie sabe lo que es. Creen que lo conocen, se equivocan y engañan a los demás”
La afirmación básica de que “Dios se dio a conocer en Jesucristo” debe leerse con esclarecimiento para no perder de vista que Dios se da a conocer “en la vida de Jesús” no por medio de palabras, discursos o de doctrinas. Esa puesta a punto “hace caducar cualquier discurso sobre Dios y cualquier teología que son construcciones humanas” Comblin dice que “es un error” el suponer que ese discurso expresa lo que Jesús quiso decir y no dijo. Para Comblin “Si no lo dijo, ese mismo silencio ya es una revelación”
El autor introduce una polémica variante al comentar el texto de que en Jesús “Dios se hizo carne” ya que “no se dice hombre”. Explica que “hombre es una categoría ambigua. ¿Qué es ser hombre?” pero “carne” “significa una vida humana con toda su debilidad, expuesta a todos los accidentes del mundo material, una vida hecha de esperanzas, ilusiones y desilusiones, proyectos, éxitos y fracasos, hecha de alegría y tristeza, que finalmente termina en la muerte. La carne es todo eso y mucho más” . El espinoso tema de la “La libertad de Dios”, Comblin lo encara diciendo que es el “abandono de todo poder” visto en la vida de Jesús que “no se impone, no condena, no obliga” “La fuerza de Dios está en el testimonio y en el amor a los rechazados, pecadores, víctimas, pobres en general. Esas son sus fuerzas. Es un Dios muy diferente de los dioses imaginados por las religiones, incluso por la religión cristiana”.
Comblin alerta de que “Todas las religiones ofrecen una imagen de la humanidad como algo fijo, estable, positivo globalmente, inmutable, creación de Dios” por lo cual “Querer cambiar es estar contra Dios” que las lleva a “no aceptar otro conflicto que no sea conflicto de las religiones” mientras que “Para Jesús el conflicto no es de religiones, es el conflicto de dos clases, los dominadores y los dominados”
Si bien “Todas las religiones predican que hay que ayudar a los pobres” y que “La limosna es sumamente estimada en todas las religiones” para Comblin “El evangelio dice otra cosa” “El evangelio se dirige a los pobres porque ellos son los llamados a liberar a la humanidad” dado que “No dominan y por eso pueden ser libres”
“El gran desafío es convencer a los pobres de que tienen la fuerza del Espíritu para seguir el camino de Jesús y son capaces de construir un mundo nuevo, aun sin dinero, sin poder político, sin poder cultural” es la tajante afirmación de Comblin
Al introducirse en el apasionante terreno de la comunicación del evangelio en los tiempos actuales, Comblin revalora el hablar de Jesús mediante “metáforas, narraciones, parábolas, sentencias, consejos, observaciones sobre la experiencia del momento”
Sin abandonar el eje de que “La tarea de la teología será liberar el evangelio de la rigidez del dogma” mantiene que “En la religión la parte más importante es el culto” pero pregunta si la forma de realizar ese culto tiene valor en el día actual. Esas palabras dirigidas hacia el interior de la Iglesia Católica Romana, son válidas para cualquier otra iglesia que deben preguntarse “¿Cuáles serían los gestos y las palabras que serían significativos para la nueva generación?”
Un tratamiento similar tiene el análisis de la institución eclesial. “Todas las religiones se dan una institución cuyo elemento básico son los sacerdotes cuya misión consiste principalmente en el culto” por lo que la religión cristiana no podía escapar a esa expresión institucional.
Al examinar la historia de la Iglesia, especialmente la Católica Romana, Comblin observa que hoy “El sistema es rigurosamente monárquico. Todos los poderes están en el Papa y el Papa delega una parte de ellos a los obispos y éstos a los presbíteros y diáconos” y que “El rechazo del clero es uno de los motivos fundamentales del abandono de la Iglesia. En las otras Iglesias dichas históricas el problema es igual”
“Durante siglos los teólogos se han dedicado a explicar y justificar todos los elementos del sistema. Los tiempos han cambiado. Todo lo que estaba ligado a la cultura tradicional, perdió su sentido y su legitimidad. La teología pondrá en contacto el evangelio y el mundo actual” finaliza Comblin su sustancioso trabajo.+ (PE)
“Los retos de la teología en el siglo XXI”, de José Comblin,
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Pat Robertson culpa a la religiosidad de Haití por el terremoto
Hemos escuchado y visto las trágicas noticias de los recientes acontecimientos ocurridos al oeste de Haití. Se estima que hay 300 mil niños y niñas huérfanos y más de 200 mil personas que han perdido la vida. Ante este triste panorama, son preocupantes las aseveraciones de algunos predicadores evangélicos, entre ellos Pat Robertson, quien no se reservó su opinión al señalar que este terremoto fue consecuencia de “pactos con el diablo y maldiciones ancestrales de los haitianos”.
Por Alexander Cabezas
No nos deberían extrañar las declaraciones de este líder religioso, quien al mejor estilo de los medios de comunicación amarillistas, en el 2005 promovía el asesinato del presidente venezolano Chávez; violentando así todos los principios bíblicos fundamentales que Jesús enseñó sobre el amor al prójimo (Mateo 19), o las exhortaciones que hacen las Escritura de orar ante todo “por las autoridades…” (1 Timoteo 2).
Ahora su nuevo discurso no solamente falta el respeto a la iglesia cristiana haitiana, sino a todo este pueblo que más que una acusación, necesita apoyo. Este líder está olvidando los acontecimientos históricos y lamentables sufridos por este pueblo vulnerable más allá de los actuales desastres naturales.
En sus inicios Haití llegó a brillar como una joya en medio del Caribe por su increíble prosperidad. Inclusive, fue el primer país productor de azúcar y el primero en darle una bofetada al sistema colonial al abolir la esclavitud. Pero no tardaron otras naciones y líderes inescrupulosos en despojar a este país valiéndose de sanciones, deudas externas, altos impuestos, regímenes militares oportunistas y autocráticos, entre otros. Por lo que no es justo condenar o señalar a Haití cuando el verdadero pecado fue el subyugamiento y la denigración de la cual ha sido objeto.
Las palabras de Robertson no son novedosas, representan una línea de pensamiento que recurre a fórmulas y al temor para promover sus doctrinas. Pareciera que asocian todo lo nefasto con pecado, mientras que la prosperidad es señal de “buena armonía con Dios”; quimera que recuerda los errados y heréticos argumentos que hacían los seudo amigos de Job para justificar teológicamente las desgracias que estaba atravesando este hombre, cuando en verdad Job sufría siendo íntegro. Quizás por eso la Biblia muy realistamente enseña que en esta vida tanto los justos como los injustos sufren, pero no por ello Dios detiene sus bendiciones sobre unos u otros (Mateo 5:45-47).
Nos jactamos de no tener “dioses falsos”, pero nuestra miopía no nos ayuda a ver que los verdaderos idólatras, en ocasiones somos nosotros los de la sociedad occidental, quienes no titubeamos en postramos y rendirle culto al hedonismo y al materialismo. Antes de tirar la primera piedra, deberíamos pedir perdón reconociendo que en esencia recién ahora estamos volcando nuestro mirar a esta nación que lleva siglos clamando por ayuda. ¿Cuántos misioneros pudimos enviar antes de esta catástrofe? ¿Cuantas acciones hubiésemos logrado en beneficio de la vida de aquellos niños, niñas que piden no solamente pan, sino abrigo, protección y alimento espiritual?